La belleza de lo que permanece
Un vestigio no explica.
No reconstruye una historia completa.
No necesita hacerlo.
Es una señal.
Una presencia mínima que indica que algo estuvo ahí.
En una joya, el vestigio no es solo el paso del tiempo.
Es la acumulación de decisiones.
Quién la llevó.
Cómo.
Cuándo dejó de hacerlo.
Nada de eso es visible del todo.
Pero permanece.
Y es ahí donde empieza a tener sentido.